Allí estaba ella, luciendo con todo su esplendor el mejor de sus vestidos procurando que todo este perfecto. Como si la brillante túnica que la cubría no fuera suficiente, tendió un fino paño de seda negra en el firmamento y lo decoro con pequeñas perlas que iluminaban el oscuro paisaje. La atmósfera era calma con un silencio de aquellos que transmiten paz. Miro su reflejo en el agua para asegurarse de que estaba bonita y solo se dispuso a esperar.
Sus grandes ojos negros formaban una mirada picara que lo buscaba entre los rincones de la noche, mientras su rostro vestía una sonrisa de esperanza de esas que tienen las enamoradas al esperar a su amor. Pues ella estaba esperando al suyo, eso explicaba su brillante atuendo. La noche estaba hermosa, una suave brisa acariciaba las copas de los arboles que parecían danzar en la inmensa oscuridad. El rocío baño los pastos con sus pequeñas gotas que se veían como cristales en aquel bello paisaje.
Las horas pasaban y ella seguía allí, esperando, tan resplandeciente como siempre, o tal vez mas resplandeciente que nunca, algo le decía que esta vez si iba a venir. Sus ojos volvieron a recorrer el horizonte buscándolo pero no lo encontraron, aun así no se daba por vencida.
La brisa tenue se transformo en un viento frío, los arboles que adornaban con sus danzas la eternidad del paisaje ahora se agitaban violentamente. Aquel silencio que sembraba paz en las almas de los enamorados intentaba ser un grito de auxilio pero al no lograrlo no era mas que una agonía no escuchada, el reflejo de lo que pudo ser y no fue. La atmósfera era triste y helada, y la inmensidad de la noche traía consigo una cruel sensación de soledad. Una pequeña estrella le susurro al oído que ya era tiempo de partir, ella la miro con sus ojos vidriosos y asintió con la cabeza mientras una lagrima recorría su mejilla y simplemente se retiro del firmamento con su precioso vestido de gala.
Noche tras noche ocurría la misma historia, la veía aparecer con su esplendorosa presencia y su mirada traviesa para luego retirarse con los ojos apagados y el corazón roto, siendo la sombra de la joven tan llena de vida que salia a esperarlo cada día.
Cuentan por ahí que una vez, hace mucho mucho tiempo, se cruzaron por casualidad y se unieron en el mas bello de los paisajes, solo fueron unos minutos, los suficientes para que ella jamas lo olvidara y saliera a esperarlo aun sabiendo que debía esperar al menos trescientos sesenta y cinco días para tenerlo solo por un instante.
Es por ello que la veía nacer de la mas bella de las esperanzas y morir con el mas triste de los desengaños día tras día, pero... ¿como hacerle entender a la luna que el sol no vendría? ¿Como hacer para que entendiera que no importa cuanto esperara las cosas no cambiarían, el seguiría durmiendo en su guarida mientras ella aguardaba por él resplandeciente solo para retirarse sin brillo alguno al cabo de un tiempo? ¿como hacer que comprenda que unos mágicos minutos juntos no valían un año de lagrimas? En el fondo sabia que todo esto era cierto, pero se negaba a admitirlo, es por ello, que siguió, y seguirá saliendo noche tras noche a decorar nuestro firmamento solo para morir en un grito en silencio a la hora en la que el se levanta para que admiremos su belleza.

Profundo!!! y hermoso!!!
ResponderEliminarMuchísimas gracias! Es lindo oír que gusta lo que uno escribe!!
ResponderEliminarOjala escribas otro jeje!! ya m aficione!!
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