miércoles, 6 de octubre de 2010

Tras los muros de nuestras propias mentiras

   Nuestro brillante cuerpo nos dota de cinco sentidos para relacionarnos con el mundo que nos rodea. Nuestra piel, nuestros ojos, nuestra boca, nuestros oídos, todos perfectamente conectados a un asombroso “centro de control”, nuestro cerebro. Entonces, si todo está tan asombrosamente calculado... ¿cómo es posible que nuestros sentidos nos traicionen?
   Tal vez no sean ellos los que nos traicionan, tal vez seamos nosotros mismos. La mayor parte del tiempo vemos, oímos, percibimos; pero interpretamos a nuestro antojo, nos engañamos sin ni siquiera estar conscientes de ello.

   Preferimos vivir en la jaula de los engaños antes de hallarnos solos en el océano de la verdad, el miedo nos invade y simplemente seguimos encerrados en nuestro lugar seguro. Pintamos las paredes con colores que no existen en realidad, endulzamos nuestros oídos con palabras que nadie dijo pero que quisimos escuchar, nos rodeamos de personas en las que vemos solo lo que queremos ver.
   Así los días pasan, y nosotros dentro de los muros, cada vez mas altos, de nuestras propias mentiras. No es que la vida sea simple de este lado, pero es lo que podemos manejar, controlar, en este mundo ficticio pasa solo lo que yo quiero que pase. Creamos situaciones, relaciones sin correr riesgos y todo parece funcionar, pero... ¿funciona?
   Los muros no nos protegen, solo nos encierran; la verdad muchas veces duele pero libera. Derribemos paredes, destruyamos jaulas y simplemente echemos a nadar. El enorme océano de la vida siembra un temor enorme pero también nos abre la puerta a infinitas posibilidades, nos permite soñar.
   La verdad duele muchas veces, negarla no cambia las cosas, solo tomando nuestras mejores armas y enfrentándonos a grandes batallas lograremos ganar. Después de todo, que importa si caemos, siempre podemos levantarnos y empezar a caminar una vez mas por nuevos senderos.
  

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