lunes, 13 de diciembre de 2010

Aquello que llamamos libertad

   En la historia del mundo la libertad se cobro infinidades de vidas. Numerosos y valientes hombres lucharon con la espada en la mano por ser "libres". Es entonces que me detengo a pensar... ¿ valió la pena?, es decir, tal vez hoy no existan los llamados esclavos pero... ¿alguien es en realidad "libre" en esta vida?. Me atrevo a opinar que no. El problema es... ¿como hacemos para darnos cuenta de que nos han quitado algo si ni siquiera sabemos bien lo que es en primera instancia?. El diccionario la define como "falta de sujeción y subordinación" pero eso no es mas que una "definición de libro", bastante utópica por cierto, si hasta en aquellos momentos en que sentimos volar un fino y prácticamente imperceptible hilo nos une al suelo y no nos permite alejarnos demasiado. 
   La mayor parte de la gente suele pensar que la única manera de atrapar a un pájaro es meterlo en una jaula, pero hay otra que nadie parece percibir... cortarle las alas. La jaula termina siendo en esta historia el castigo mas honesto, al menos uno es consciente de estar dentro de ella; pero solo aquel que ha contemplado todo el horizonte rebosando cansado en el suelo luego de tanto intentar levantar vuelo durante horas, días, meses, sabe lo triste que es que te corten las alas. Simplemente te quedas allí, soñando con el momento en que vuelvan a crecer y poder así volar de una vez por todas, ves salir y esconderse el sol miles de veces, ves a los otros pájaros volar hacia nuevos rumbos, pero por alguna extraña razón tu sigues allí, esperando.
   ¿Quien seria tan cruel de quitarle a un pájaro lo mas preciado que tiene: su libertad?. Los dueños de las jaulas suelen tener rostros y nombres, pero no te preocupes, al llegar la noche se van a dormir y silenciosamente puedes abrir la puerta y escapar. Pero me temo decirte que, en caso de que aun no lo sepas, aquel que te quita las plumas una por una al salir la luna eres tu. Somos esclavos de nuestras propias ideas, presos de nuestros propios pensamientos, elegimos vivir en nuestro pedacito de suelo porque inconscientemente tenemos miedo de caer mientras estamos volando, llega un punto en que terminas aceptándolo y hasta te olvidas de que fuiste hecho para transitar por los aires.
   Tampoco te dejes engañar por las apariencias, algunos de los que vuelan de un lado a otro son mas esclavos que los que reposan en las jaulas, porque si bien vivir entre cuatro paredes es feo, a veces, no poder detenerse por no tener a donde ir lo es aun mas. Cantar entre rejas es cobardía, llorar mirando el cielo es debilidad y volar sin rumbo alguno es engañarse a uno mismo.
   Tal vez la libertad no tenga nada que ver con diccionarios, ni con discusiones filosóficas, ni con escapar, ni con volar. Tal vez sea una de esas cosas que no se pueden expresar con palabras sino que simplemente se sienten o no. Tal vez ni siquiera exista o tal vez... el pajarito mas libre sea aquel que tiene las alas tan grandes que pudiera volar a donde quisiese pero aun así decide quedarse donde está porque es allí donde es realmente feliz. 

domingo, 28 de noviembre de 2010

Dueña de una gran dualidad

   Dueña de una gran dualidad. El fuego y el agua conviven pero no coexisten en tiempo y espacio, se turnan y por momentos uno le cede protagonismo al otro. Una fina cuerda pende entre ambos con miedo de cortarse, eso desataría el caos.
   El fuego se presenta con su color rojo vivo. Nadie se entromete en su camino, después de todo... ¿quien disfrutaría de quemarse?. Totalmente inalcanzable, camina solito sin permitir compañía, no la necesita, su llama siempre encendida es suficiente para iluminarlo todo. Regio y fuerte ve pasar la vida sin permitirse un solo segundo de melancolía, es demasiado seguro para eso. Con una fuerza inimaginable sigue sus grandes pasiones sin que nadie lo desvíe, ni siquiera un poco, de su sendero. Solo se detuvo un segundo, y levantando la vista por encima de su hombro miró hacia atrás y la vio, tan simple y frágil que no pudo evitar burlarse de ella.
   El agua percibió aquélla mirada burlona, en el fondo sabia que era capaz de apagar al fuego, pero nunca lo haría, era demasiado cobarde como para intentarlo, mejor quedarse callada en el rincón esperando su turno. Aquel egoísta solo la dejaba asomar unos pocos minutos en algún que otro día de lluvia en el que él prefería descansar. Su mirada de la vida era muy distinta, hasta opuesta se podría decir. Mucho menos atractiva pero mas encantadora, tan transparente y calma, disfrutaba de la lluvia con un aire bohemio. Él se creía tan importante, si solo supiera que entre risas y lagrimas ella si sabia lo que era sentir seguro la envidiaría. A veces la fuerte brisa la desviaba de su camino, pero con esfuerzo volvía sin arrepentirse de aquello, pues había vivido.
   Curiosamente, a pesar de vivir en el mismo lugar procuraban no cruzarse nunca. Ella era para él una eterna soñadora, un trozo de cristal que corría riesgo de romperse con la mas mínima caída, una nena tonta con mucho por aprender; no tenia su coraje, su fuerza, su seguridad. Él para ella era un cobarde que prefería vestirse con su manto ardiente para que nadie lo tocara, optaba por ser totalmente inalcanzable para eliminar así la posibilidad de ser lastimado, entre suspiros se lamentaba por todo lo que aquel se perdía, prefería no sentir por miedo y lo mas triste es que él se creía muy valiente.
   Los dos creían ser, pero ninguno era nada en sí. Tan torpes, tan imperfectos, tan incompletos, caminaban de a uno por vez tambaleándose de aquí para allá. Juntos podrían haber sido grandes; podrían haber logrado vivir, sentir al máximo, avanzar sin descanso. Pero no, cada uno prefirió seguir siendo lo que era... fuego y agua.



lunes, 22 de noviembre de 2010

El dilema de las adicciones

   Muchas cosas se dicen sobre las adicciones, se suele hablar muy mal de ellas. Se condena a los adictos; los llamamos débiles, cobardes... ¿pero quien en esta vida no tiene un poco de débil y cobarde?. Sería muy fácil si sólo hubiera drogas, alcohol y tabaco, pero en realidad cuesta creer cuantas adicciones hay.
   Pasamos una vida tratando de aprender a hacer las cosas bien y aun así parece no ser suficiente, justo cuando terminamos de adaptarnos aparece esa sensación de vacío que nos impulsa a buscar mas, a querer mas, y nada parece calmarla. Entonces nos embarcamos en viajes rumbo a nuevos destinos, nuevas aventuras y a su vez intentamos mantenernos en eso que solemos llamar “normalidad”.
   El problema es que a veces, demasiadas veces, eso que empieza como algo “normal” en tu vida se convierte en una obsesión y cuando menos lo esperas dejas de controlarlo, o lo que es peor, es ello lo que te controla a ti. Ni siquiera intentas dejarlo porque experimentaste la euforia, esa sensación increíble que hace que todo lo demás simplemente se desvanezca. Además, ¿cómo se supone que lo abandones?, es decir, hubo una razón por la que te hiciste adicto después de todo.

   Tu vida ahora cobra un nuevo sentido, tienes algo por que pelear, algo que te impulsa a levantarte cada mañana, algo que hace que te sientas especial, hasta único me atrevería a decir. Aunque, lo malo de las adicciones es que, como todos sabemos, nunca terminan bien, y llega un momento en que aquello que nos ponía eufóricos deja de hacerlo y empieza a doler. Entramos en un nuevo estado, uno en el que nos encontramos acorralados, hasta tal punto que cuando menos lo esperas te ves a ti mismo parado en la cornisa entre lo que eras, lo que sos y lo que quieres ser, pero... ¿hacia donde debemos ir?.
   Lo peor de una adicción es intentar dejarla, dicen que no la superas hasta que no has tocado fondo, pero la realidad es que... ¿cuándo sabes que has tocado fondo?. Porque no importa lo mucho que algo duela, a veces dejarlo del todo duele aun mas.

lunes, 25 de octubre de 2010

Nuestros queridos viejos

   Una vez mas me encontré frente a aquel lúgubre edificio de paredes despintadas escondidas entre grandes arboles desnudos. El viento frío jugaba con mi pelo mientras meditaba unos minutos antes de entrar. El paisaje era triste, gris; la tarde lluviosa y helada, mas aun allí.
   Seque mis zapatillas en el papel tendido en la entrada mientras mis ojos recorrieron el interminable pasillo que alguna vez lucio blanco resplandeciente. El silencio invadía el lugar junto con una nube de nostalgia que parecía flotar en el aire. Cada puerta que abría liberaba un rechinido que exaltaba a la sosegada atmósfera, busque y busque hasta que lo vi.

   Como siempre, sentado en esa esquina oscura del cuarto esperándome. Ya no veía, así que su rostro solo se iluminaba después de oír mi saludo, solo en ese momento se daba cuenta que yo estaba allí. Quien hubiera pensado que aquel hombre tan fuerte que solía ser, hoy era esa frágil persona que reposaba sobre una silla de maderas viejas. Si bien su cuerpo mostraba el cansancio de los años vividos se asomaba de sus ojos el resplandor del joven soñador que fue en tierras muy lejanas a estas.

   Ese día a la semana aquel triste lugar parecía cobrar vida, y esas paredes con tantas historias impregnadas hablaban. Me contaba sus vivencias, que habían sido muchas, presencio la guerra y sufrió el hambre, pero nunca se rindió, un gran luchador con tanto por decir, y sin embargo sus palabras quedaban atrapadas en el gris edificio.
   Las horas pasaban entre largas y tendidas charlas, el sol comenzaba a esconderse y ese era el llamado para pegar la vuelta. Tome mi mochila y entre promesas de volver en siete días me aleje por el eterno pasillo de paredes gastadas, con la imagen de él en su vieja silla y un nudo en la garganta.
   Una vez fuera, mis ojos recorrieron nuevamente el lúgubre edificio que tantas cosas tenia por contar. Aquellos muros muertos a primera vista estaban en realidad llenos de vida, porque créanme que ellos si habían oído las mas interesantes experiencias. Tal vez los muertos seamos nosotros que cometemos errores por no escuchar las vivencias de esos muros, que vivimos tan apurados que no tenemos tiempo de sentarnos a escuchar las historias de nuestros sabios viejos, que ni siquiera entendemos que cada linea sobre el rostro es un momento vivido, un recuerdo de un tiempo pasado, la marca de algo aprendido.

sábado, 16 de octubre de 2010

En búsqueda de una utopía

   Se embarco en un viaje de mil millas, tenia todo el océano por delante y aun así decidió continuar. El viento le dio en la cara mientras las olas se hacían cada vez mas grandes, pero eso tampoco la detuvo. El cielo se tiño de negro mientras destellos eléctricos iluminaban la oscura noche, no sintió miedo, solo pensaba en seguir. Quien sabe que idea daba vueltas por su cabecita que la impulsaba a no abandonar esa aventura imposible.
   Buscaba con su mirada el horizonte entre ese escenario infinito en el que navegaba. Sus ojos llenos de esperanzas reflejaban los sueños de un lugar perfecto con el que soñaba despierta, una gran utopía que solo ella veía como una realidad.
   Intentamos detenerla, pero la magia de esa gran ilusión parecía haberla atrapado de tal forma que ya ni siquiera era ella misma, esa obsesión por llegar al otro lado la poseía, no la dejaba pensar. Esa mente brillante, tan llena de ideas, tan segura de si misma ahora se encontraba bajo los encantos de aquella historia sin final y yo sin poder detenerla.    Como explicarle que todo aquello eran espejismos en el medio del desierto, como hacer que entienda que el inconsciente le estaba jugando una mala pasada. No importa lo que hiciera, era imposible detenerla.
   Por las tardes solía verla sentada observando el suave andar del agua sobre la costa, y aunque se encontraba solo a unos pocos metros en realidad no estaba allí, era solo su cuerpo el que reposaba en la arena, sus pensamientos vagaban por algún lugar al que ni siquiera ella podía llegar, pero no importaba, solo seguía allí tejiendo ideas para lograr lo irrealizable.
   Y fue aquella noche fría y tormentosa que se subió al barco, para navegar contra la marea, enfrentar las terribles olas, ¿y todo para que?... para cumplir un sueño que nunca debió soñar, que fue el mayor error que jamás haya cometido. Mis ojos la vieron internarse en el mar inmenso, alejarse entre las enormes gotas de lluvia que bañaban la playa, esta vez no intente detenerla, ya no tenia sentido.
   Eso es lo ultimo que recuerdo de ella. Escuche por ahí que la consideran un ejemplo de valentía por sumergirse en el afán de cumplir un sueño imposible. Supongo que es la opinión de un mal observador, o mejor dicho de aquel que solo mira pero no ve en realidad. Con un poco mas de atención hubieran descubierto que era una gran cobarde que prefirió perderse en la oscuridad de aquélla noche tempestuosa por no enfrentarse a si misma, por no aceptar que algunas cosas simplemente son imposibles, por no entender que muchas veces hay que abandonar un sendero para poder seguir caminando. 

miércoles, 6 de octubre de 2010

Tras los muros de nuestras propias mentiras

   Nuestro brillante cuerpo nos dota de cinco sentidos para relacionarnos con el mundo que nos rodea. Nuestra piel, nuestros ojos, nuestra boca, nuestros oídos, todos perfectamente conectados a un asombroso “centro de control”, nuestro cerebro. Entonces, si todo está tan asombrosamente calculado... ¿cómo es posible que nuestros sentidos nos traicionen?
   Tal vez no sean ellos los que nos traicionan, tal vez seamos nosotros mismos. La mayor parte del tiempo vemos, oímos, percibimos; pero interpretamos a nuestro antojo, nos engañamos sin ni siquiera estar conscientes de ello.

   Preferimos vivir en la jaula de los engaños antes de hallarnos solos en el océano de la verdad, el miedo nos invade y simplemente seguimos encerrados en nuestro lugar seguro. Pintamos las paredes con colores que no existen en realidad, endulzamos nuestros oídos con palabras que nadie dijo pero que quisimos escuchar, nos rodeamos de personas en las que vemos solo lo que queremos ver.
   Así los días pasan, y nosotros dentro de los muros, cada vez mas altos, de nuestras propias mentiras. No es que la vida sea simple de este lado, pero es lo que podemos manejar, controlar, en este mundo ficticio pasa solo lo que yo quiero que pase. Creamos situaciones, relaciones sin correr riesgos y todo parece funcionar, pero... ¿funciona?
   Los muros no nos protegen, solo nos encierran; la verdad muchas veces duele pero libera. Derribemos paredes, destruyamos jaulas y simplemente echemos a nadar. El enorme océano de la vida siembra un temor enorme pero también nos abre la puerta a infinitas posibilidades, nos permite soñar.
   La verdad duele muchas veces, negarla no cambia las cosas, solo tomando nuestras mejores armas y enfrentándonos a grandes batallas lograremos ganar. Después de todo, que importa si caemos, siempre podemos levantarnos y empezar a caminar una vez mas por nuevos senderos.
  

sábado, 2 de octubre de 2010

Los últimos versos que yo le escribo

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».
El viento de la noche gira en el cielo y canta
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo le quise, y a veces él también me quiso.
En las noches como ésta le tuve entre mis brazos.
Lo besé tantas veces bajo el cielo infinito. 
Él me quiso, a veces yo también le quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no lo tengo. Sentir que le he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin él.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarlo.
La noche está estrellada y él no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberlo perdido.
Como para acercarlo mi mirada le busca.
Mi corazón le busca, y él no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no le quiero, es cierto, pero cuánto lo quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otra. Será de otra. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no le quiero, es cierto, pero tal vez lo quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta lo tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberlo perdido.
Aunque éste sea el último dolor que él me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.